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Elección de las palabras.
Lo primero que se debe hacer es elegir las palabras que mejor expresan el contenido de nuestras ideas. Deben escogerse palabras llenas, es decir aquellas que tienen un sentido concreto y una aplicación definida. Una técnica para escoger la palabra adecuada cuando tenemos desconocimiento o dudas de las alternativas disponibles, es el de auxiliarse siempre con un diccionario etimológico, otro de sinónimos (cuidado) y un diccionario de la lengua en la que estamos escribiendo. Estas herramientas deben ser suficiente para aclararnos dudas en cuanto a la palabra adecuada. Todo escrito cargado de palabras superfluas tiende a oscurecer, antes que aclarar, el significado de la idea central.
Neologismos.
Son términos nuevos que debemos emplear en nuestro trabajo cuando no disponemos de ellos en el diccionario. Pavlov, invento más de 25 palabras para desarrollar sus ideas acerca del reflejo condicionado. El requisito fundamental para la creación de neologismos es que no choque con el sentido asignado en el diccionario de la Real Academia. Por ejemplo no podemos llamar lenguaje a cualquier colección de símbolos. Desde el punto de vista de la defensa de la pureza del lenguaje lo conveniente es explorar primero en nuestra lengua para ver si disponemos del término requerido. Por ejemplo no debemos decir, clikear por pulsar o presionar, accesar por acceder. Neologismos como radar, maser, laser, sonar, transistor, etc deben acentuarse en español para saber como se deban pronunciar.
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